El Budismo Tántrico, también conocido como Budismo Esotérico o Vajrayana

En el Vajrayana se proclama la posibilidad de alcanzar el satori (iluminación) en una vida, sin tener que pasar por una infinidad de reencarnaciones.

 

La llegada del budismo a Occidente comenzó en el siglo XIX, como parte del encuentro de los colonizadores europeos con las culturas de oriente. Pero fue en los años sesenta del s. XX, cuando el budismo se expandió rápidamente en Occidente.

Una de las corrientes del Budismo es el Tántrico, también conocido como Budismo Esotérico o Vajrayana y que está muy presente en occidente.

La escuela Vajrayana es una de las tres escuelas budistas que se originaron en la India. En sánscrito, vajra significa tanto rayo como diamante y yana, vehículo; así Vajrayana se ha traducido por el Vehículo de diamante, o, también, el Vehículo del rayo, con el mismo sentido hermético, el diamante como imagen del cuerpo incorruptible y el rayo como inicio de la iluminación. A esta escuela en Occidente se la conoce por escuela tántrica o esotérica debido a su estrecha relación con los textos sagrados, llamados tantra. De la India, sus enseñanzas pasaron al Tibet y a la China y finalmente llegaron al Japón donde se dividió en dos sectas: la shingon y la tendai.

En sánscrito vajra significa tanto rayo como diamante y yana, vehículo; así Vajrayana se ha traducido por el Vehículo de diamante pero podría ser el Vehículo del rayo.

En la visión tántrica, la iluminación surge de la comprensión de que los principios aparentemente opuestos son en realidad uno. Los conceptos pasivos shunyata («vacuidad») y prajna («sabiduría»), por ejemplo, deben resolverse con el karuna activo («compasión») y upaya («medios hábiles»). Esta polaridad fundamental y su resolución a menudo se expresan a través de símbolos de sexualidad.

El origen histórico del Vajrayana no está claro, excepto que coincidió con la difusión de las escuelas mentalistas del budismo. Floreció desde el siglo VI hasta el XI y ejerció una influencia duradera en los países vecinos de la India.

En el Vajrayana se proclama la posibilidad de alcanzar el satori (iluminación) en una vida, sin tener que pasar por una infinidad de reencarnaciones. En este sentido se parece a la escuela del Buda Amida o de la Tierra Pura, aunque ésta última pertenezca al budismo Mahayana. En sus enseñanzas se incluyen visualizaciones, símbolos y rituales secretos que sólo pueden ser enseñados de maestro a discípulo. Se da una gran importancia a los mantras (recitaciones), a los mudras (gestos de las manos) y los mandalas (diagramas de las deidades y de las fuerzas cósmicas).

El simbolismo juega un papel importante en el budismo Vajrayana y tiene un significado particular y profundo detrás de ellos. En el budismo, los símbolos representan la expresión de deidades, ya sea una forma pacífica o iracunda.

Según su respectiva expresión, estas deidades tienen diferentes objetos. El que tiene formas pacíficas generalmente sostiene emblemas como gemas, escrituras y lotos. Mientras que el colérico sostiene objetos como el aguijón, la maza, el cráneo, el kartri y objetos similares en naturaleza.

El budismo esotérico penetró en el Japón durante el s. IX, aunque algunas de sus deidades ya se conocían en los siglos VII y VIII. Gracias a la secta tendai, fundada por el monje Saicho (766-822) se pueden admirar todavía todavía hoy los magníficos mandalas y esculturas de los myô-ô: unas terribles deidades, que a veces se consideran como manifestaciones del Buda Dinichi, la divinidad principal de las sectas esotéricas del Japón.  Esta secta incorporó también otras doctrinas búdicas, como la devoción a la Sutra del  Loto o al Buda Amida. Poco a poco fue ganando favor en la corte, sobre todo, al final de la era Heian.

En el Japón una de sus representaciones son los myô-ô. unas divinidades que vienen después de Buda y los bodhisatvas

La escuela shingon, fundada por el monje Kukai, se mantuvo secreta. Sus doctrinas eran mistéricas y ocultas y requerían un gran nivel de austeridad. Sus prácticas esotéricas concedían una gran importancia a los mandalas, pero también a la caligrafía pues se dice que Kukai inventó la escritura japonesa denominada kana. Se le considera el patrón de las artes.

En el budismo Vajrayana, los reyes de la Sabiduría o myô-ô son las terceras deidades después de los Budas y los bodhisatvas. Se les considera como los guardianes del budismo y representan manifestaciones de los Budas, en particular de los cinco Budas de la Sabiduría. También se les conoce como los Reyes Radiantes.

Así como los bodhisatvas encarnan la misericordia y la compasión, los myô-ô representan el rigor de la sabiduría.

Se les atribuyen los cuatro puntos cardinales y el centro del universo y en la doctrina esotérica de las Tres Ruedas se dice que mientras los Budas representan los conceptos puros y los bodhisatvas enseñan a través de la compasión, los myô-ô encarnan el rigor de la sabiduría en su lucha contra la ignorancia y las bajas pasiones.

Los cinco Reyes o Budas de la Sabiduría son los siguientes:

Kozanze myô-ô: En el culto shingon del budismo japonés, el dios protector Kozanze tiene tres caras amenazadoras y ocho brazos, y es enemigo de la ingenuidad y de la ira. Se le sitúa en el este

Daiitoku myô-ô: Es un dios protector que tiene seis caras, seis piernas y seis brazos que empuñan armas. Cabalga sobre una vaca blanca, y se le venera como el dios de la victoria. Daiitoku puede vencer a serpientes venenosas y dragones, y tiene el poder de destruir el mal y crear el bien. Se le sitúa en el oeste.

Fudō myô-ô: En el culto budista Vajrayāna, el dios Acalanatha y en Japón, Fudō myô-ô, es el más importante de los reyes de la sabiduría. Con la mano derecha empuña una espada flamígera, y con la izquierda sujeta una cuerda para atar a los demonios. Se le sitúa en el centro, entre los otros cuatro dioses situados en los cuatro puntos cardinales. Representa también el vacío del centro

Kongo Yasha myô-ô: En el culto shingon este dios protector tiene tres caras amenazadoras y seis brazos, o una cara y cuatro brazos, y representa la fuerza. Se le sitúa en el norte.

Gunchari myô-ô: En el culto budista vajrayāna, el dios protector Kuṇḍali Vidyarāja, o Gunchari myō-ō en shingon, tiene tres caras amenazadoras y ocho brazos, la mayoría de los cuales empuñan armas. Se le representa con serpientes deslizándose por su cuello y piernas. Está situado en el sur.

 

Los seguidores del Vajrayana sostienen que su versión del budismo es idéntica a la que enseñó Buda Gautama, pero argumentan que él decidió no compartirla con la humanidad porque aún no estaba lista para comprenderla. Algunas prácticas tántricas, según el Vajrayana, son demasiado peligrosas para los laicos, ya que pueden ser malinterpretadas, mal utilizadas o simplemente resultar dañinas. Por eso, supuestamente, el propio Buda Gautama practicaba estas técnicas, pero no las enseñaba a los demás. Como resultado, el Vajrayana funciona en gran medida como una religión de misterio en la que solo aquellos que han sido adecuadamente iniciados y han jurado secreto pueden acceder a los conocimientos más profundos. Este carácter reservado dificulta que los no practicantes puedan comprender el Budismo Vajrayana en su totalidad.