Codex Gigas, también llamada “la Biblia del diablo”

No está claro cómo surgió exactamente este manuscrito medieval originado en el Reino de Bohemia, entre 1204 y 1230.

 

La leyenda del Codex Gigas dice que un solo monje amanuense benedictino, auxiliado por Satanás, habría escrito e iluminado (imágenes y otros elementos decorativos) la monumental obra en una sola noche…

En una oscura celda de una tormentosa noche medieval en el monasterio benedictino de Podlažice, en lo que hoy es la República Checa, un joven y atormentado monje apodado Poustevník Heřman (Germán el Recluso) escribe sin descanso sobre un enorme pergamino. Ha cometido un gravísimo pecado -al quebrantar uno de sus votos- por el cual la sentencia es una muerte horrible: ser emparedado vivo. Sólo un milagro puede salvarle, pero su alma ennegrecida no implora a la misericordia divina, sino a fuerzas oscuras.

Desesperado por salvar la vida, el penitente ofrece al abad componer una obra tan grande que reúna toda la sabiduría de la época, y que dé gloria a su monasterio. Promete además el insensato, terminarla en una sola noche.

El abad se burla de él, advirtiendo al culpable que la bravata sólo empeorará su terrible castigo. Pero a la mañana siguiente, el fraile sorprende a todos al presentarse con un volumen gigantesco, en cuyas páginas, al abrirlas, encuentran la terrible imagen del verdadero autor, Satanás, y una abyecta maldición. La leyenda señala que quien posea el Codex será víctima de diversos males que le causarán Satanás y sus huestes del infierno.

Por la lista de necrológicas que contiene, sabemos que el Códice Gigas pudo ser redactado entre los años 1204 y 1230, y el análisis caligráfico, así como de los pigmentos realizado por National Geographic para el documental La Biblia del Diablo, indica que fue escrito por una sola persona y que sólo se utilizó un tipo de tinta, elaborada con insectos machacados. Por su parte, especialistas de la Biblioteca Nacional de Estocolmo han deducido que un trabajo de tal envergadura podría haber ocupado a una sola persona durante unos treinta años de su vida.

En sus grandes dimensiones (92 × 50,5 × 22 cm, 624 páginas y 75 kg de peso), el Códex contiene las siguientes obras: una copia incompleta de la Vulgata, la Chronica Boemorum de ‘Cosmas de Praga’, dos obras del historiador Flavio Josefo, las Etimologías del arzobispo San Isidoro de Sevilla, unos tratados de medicina del médico Constantino el Africano, la regla de San Benito, un calendario, una lista de benefactores del convento, además de textos de contenido mágico, hechizos y encantamientos.

Gracias a una nota que se encuentra en la primera página, sabemos que el monasterio de Podlažice fue el primer propietario conocido del Codex Gigas. Sin embargo, es poco probable que el manuscrito se produjera allí. Ese monasterio era demasiado pequeño y pobre para tal proyecto.

La nota afirma que debido a graves dificultades financieras los monjes benedictinos de Podlažice empeñaron el Codex Gigas en 1295 en un monasterio cisterciense ubicado en Sedlec, actual República Checa. La nota también nos dice que el manuscrito fue recomprado el mismo año para la orden benedictina en el monasterio de Břevno.

La leyenda decía que una maldición acompañaba a quien poseyera el libro y sus nuevos dueños sufrieron los estragos de la leyenda. El claustro donde se guardaba fue azotado por una fuerte epidemia, posiblemente la peste bubónica. A pesar de todo esto ya para entonces el Codex Gigas era visto como una de las maravillas del mundo.

Con el paso del tiempo la leyenda no hizo sino aumentar, vinculando el extraño libro a catástrofes y plagas de peste. Estos hechos llegaron a oídos de un amante del ocultismo, Rofoldo II de Habsburgo, de quien se dice que engañó a los monjes para llevarse el libro e incorporarlo a su mítico “Gabinete de las Maravillas”, escondiéndolo al mundo para su uso privado.

la caída de Rodolfo II, parte de su colección fue trasladada de Praga a Viena, al igual que la propia corte. Los objetos y piezas que quedaron en Praga sufrieron el saqueo en 1648 de las tropas invasoras de Suecia en el contexto de la Guerra de los 30 años. Los soldados solo llegaron a controlar algunos barrios de Praga, pero entre ellos estaba la zona que daba acceso al castillo. Se llevaron así un valioso botín y con él, el ‘Codex Gigas’. Los soldados empacan el libro en un gigantesco baúl e inician un recorrido de 1500 kilómetros para llevar el presente a su monarca, en Estocolmo. Cristina, la «mujer rey de Europa», ordenó que el libro fuera colocado en la biblioteca de su castillo.

Años después, tras haberse convertido al catolicismo y haber abdicado de su trono, Cristina llevó consigo a su estancia en Roma innumerables libros sagrados, entre ellos varias biblias, pero no el ‘Codex Gigas’. El libro aparentemente no despertó la suficiente curiosidad en la reina, o tal vez lo consideraba todo menos sagrado.

Siguiendo con la supuesta maldición, el Codex casi es destruido en un incendio en el castillo, un viernes 7 de mayo de 1655. Según una leyenda, un sirviente tomó el gigantesco Codex y lo arrojó a través de una ventana, cayendo este contra el suelo sin romperse. Lo cierto es que el volumen sufrió serios desperfectos. En un catálogo elaborado por Magnus von Celse (1709-84), y publicado en 1751, menciona la importancia del ‘Codex Gigas’ y afirma que perteneció al mismo Martín Lutero, cosa que es falsa.

Sin embargo, la primera descripción detallada del manuscrito no llegó sino hasta tiempos de Joseph Dobrowský (1753-1829), un miembro de la Real Sociedad de Ciencias de Praga y figura de gran importancia en el idioma checo. En su informe, publicado en 1796 mencionaba que el ‘Codex Gigas’ incorporaba importante información de la historia de la región.

El singular libro se conserva desde entonces en el Museo Nacional de Suecia, y puede verse en línea pulsando aquí.