Acusan explotación, abortos forzados y amenazas de muerte en la peligrosa secta “Escuela de Valores Divinos” liderada por la venezolana Erika Tucker-Mataji Shaktiananda

Con presencia declarada en 12 países, la secta denominada “Escuela de Valores Divinos” dice promover “las enseñanzas de la Madre Shaktiananda y el Mahavatar Babaji” a través de las técnicas y principios del llamado Shiva Kriya Yoga. Pero hay un lado oscuro que el portal de noticias colombiano “Cambio” revela en un este reportaje.

 

La secta tiene más de 4.000 miembros activos y presencia en 12 países. Este reportaje desenmascara a su líder, Erika Tucker, maestra autoproclamada que lidera la secta, así como a Víctor Mayo, la cabeza intelectual y teórica de la organización. “Sus métodos incluyen el abuso psicológico, físico y moral, así como amenazas de muerte y apropiación de bienes millonarios”, denuncia el digital colombiano Cambio.

Los abusos y delitos que involucran a la secta Escuela de Valores Divinos” y a sus líderes Erika Tucker y Víctor Mayo, son revelados por testigos directos -identificados por Cambio como “Alejandra Vergel”, “Rebeca” y “Teodoro Fernández”- quienes fueron miembros del grupo en el cual padecieron un auténtico infierno.

Alejandra relata las exigencias sectarias de servicio, sacrificio, devoción absoluta y obediencia incondicional que, con el aval y la coerción de sus propios padres, “la maestra” Tucker le metió en la psique desde que tenía cinco años.

“Con el pasar del tiempo, estos mandatos devinieron en una serie de abusos psicológicos y morales que sintetizan las dinámicas estructurales fraudulentas y profundamente violentas y peligrosas de esta institución que, además de sus sedes en Bogotá y en Medellín, tiene presencia en más de 12 países, con cerca de 4.000 miembros activos”, informa Cambio.

Del celibato al aborto 

A los 18 años, por la autonomía que confiere la ley, Alejandra abandonó Ecuador –el centro principal de operaciones de la secta– y se mudó a otra latitud y otra lengua. Allí, con la perspectiva de un océano de por medio, su cuerpo empezó a escupir cuanto había reprimido por décadas bajo el régimen de supuesto desarrollo espiritual impuesto por la autoproclamada maestra: celibato, aislamiento, purificación, desapego y culpa por cualquier deseo o ambición mundana. 

Ya por fuera del campo de acción y el control opresivo de la secta, y viviendo en ese otro país, Alejandra rompió el celibato y salió de fiesta, tuvo sexo y quedó embarazada. 

Pero unos meses después, en contra de su voluntad, fue forzada a abortar. 

“Fue coaccionada por “la maestra”, quien le exigió a gritos interrumpir su embarazo, pues ella no le había dado permiso para traer otra alma a esta Tierra. A la orden de abortar le siguió el escarnio público: la falsa gurú convenció, uno por uno, a los familiares de Alejandra –la desobediente– de que ésta había sido poseída por un demonio”, denuncia Cambio. 

El ostracismo, la culpa, el terror corporal del aborto y el agrietamiento familiar fueron el precio que, aún hoy, sigue pagando por haberse desviado del sendero de la Escuela de los Valores Divinos (en adelante EVD).

El caso de Alejandra es apenas uno entre muchísimos otros de abuso dentro de este peligroso culto, como hemos podido confirmar de primera mano a través de más de 20 testimonios de víctimas y sobrevivientes que nos han compartido sus impactantes relatos de maltrato físico y psicológico, abuso financiero, irregularidades en el manejo del dinero, explotación laboral, mentiras, coerción, apropiación cultural, uso ilegítimo e irresponsable de tradiciones nativas, amenazas de muerte, uso de brujería con fines destructivos y muchas otras formas de opresión violenta que se ocultan tras una fachada de espiritualidad y amor incondicional.

Temor y control

El martirio de desobedecer los mandatos de “la maestra” signó también la vida de Rebeca*, captada por la secta desde los ocho años. 

En las dos décadas que estuvo bajo el control severo de Erika Tucker –autodenominada ‘Mataji Shaktiananda’ ó ‘Shakti Ma’– la hicieron testigo de la ira abusiva y controladora de la líder. 

“En la medida en que se avanza en el sendero de la secta”, le dice a CAMBIO, “la maestra les va dejando bien claro a los adeptos que el avance espiritual es proporcional con la entrega hacia la escuela. Los seguidores más comprometidos son personas absolutamente alienadas que abiertamente afirman ser capaces de violentar a otros si así lo exige la secta”. 

El compromiso con los designios de la líder se debe reflejar en la renuncia gradual –ojalá absoluta– al trabajo y a los estudios, así como a cualquier actividad mundana que no esté en consonancia con los “valores superiores” de la organización sectaria.

Javier Díaz*, quien vivió y sirvió diligentemente en la secta durante más de una década, convencido de estar entregando su esfuerzo a una noble causa, cuenta que, aunque no le pagaban nada de dinero por sus labores, tampoco le tenían permitido conseguir otros trabajos, lo cuál lo mantenía en una situación difícil con su familia, a la que tenía que sostener. Díaz llegó incluso a realizar ayunos prolongados mientras ejercía largas jornadas de trabajo físico: “no me dejaban ni comer un pan, pero era lo que había que hacer, me decían”. Al final, después de pedirle fuerza y claridad a Dios para poder tomar la decisión, se escapó en medio de la noche junto con su esposa.

En el caso de Rebeca, la líder fue enfática en la inconveniencia de practicar deportes durante su infancia y adolescencia porque, según ella, sería una distracción para su sendero espiritual. Cuando cumplió la mayoría de edad y decidió estudiar una carrera universitaria, el control autoritario de ‘Shakti Ma’ se desplegó con toda su rabia pues, según su visión iluminada, estudiar era perder el tiempo y abandonar el compromiso con la escuela. Eso sí, la secta le exigía poner sus habilidades al servicio sin ninguna remuneración a cambio. A su mando estuvo diseñar el mobiliario del Ashram de la secta en Ecuador, su ‘santuario’ más importante, sin recibir un solo peso.

Cuando, después de décadas de compromiso con la escuela, decidió abandonarla, los seguidores que eran sus ‘amigos’, simple y llanamente dejaron de hablarle. Meses después, dos de las autoridades de la Escuela tocaron a su puerta y, con un tono amenazante, la ‘invitaron’ a montarse a un carro para ir a tomar un café y conversar sobre la decisión de no seguir haciendo parte. “Les dije que se fueran a la mierda, y que si volvían a venir llamaría a la Policía”. 

La cara oculta de la ‘maestra’

“Las denuncias que recibimos, además de señalar las dinámicas coercitivas, corruptas y abusivas de la secta, confirman el talante autoritario, explosivo y violento de Erika Tucker. Su decálogo de guía espiritual combina la humillación pública, la violencia física, la intimidación y los abusos psicológicos y económicos disfrazados de servicio y enseñanza”, denuncia Cambio. 

Varias fuentes -prosigue el medio de comunicación colombiano- denuncian haber visto a la líder agredir verbalmente a sus seguidores en múltiples ocasiones; así como revelar, para neutralizar cualquier cuestionamiento o diferencia, información íntima y muy sensible que estos le confían por su autoridad de ‘maestra’; o amenazar a sus víctimas con maldiciones que, según ella, “causarán la muerte de un ser querido” e, incluso, en otros casos, ha llegado a ahorcar físicamente a sus colaboradoras cercanas por omisiones que considera imperdonables. 

¿Cómo explicamos el contraste entre los ‘Valores Divinos’ y las amenazas de muerte en contra de quienes cuestionan a la líder, las exhortaciones al suicidio y al aborto, el maltrato físico y psicológico ejercido por la propia ‘madre’ hacia sus cercanos, las mentiras y difamaciones sobre sus opositores, la manipulación, el cercenamiento a  la libertad de sus miembros, la explotación laboral disfrazada de karma yoga, las irregularidades aduaneras en sus viajes y otras muestras de corrupción que, como veremos a continuación, declaran los testimonios que han hablado con nosotros durante las últimas semanas? 

Una posible respuesta a esta pregunta nos la da el doctor Sam Vaknin, especialista en el trastorno de personalidad narcisista, quien define a los líderes de los cultos como “narcisistas que fracasaron en su búsqueda por ‘ser alguien en la vida’ y hacerse famosos impresionando al mundo con su singularidad, talentos, rasgos y habilidades, por lo que, frustrados, se retiran a un espacio narcisista patológico que asume las características de una secta”.

“En casos extremos, el gurú narcisista se siente por encima de la ley, cualquier tipo de ley, y esta convicción megalomaníaca y altiva lo conduce a actos delictivos”, agrega. 

El narcisismo en lo alto de la pirámide

Erika Tucker es, según todos los indicios, un ejemplo de alguien que sufre de un trastorno de personalidad narcisista. 

Nacida el 26 de septiembre de 1961 en Venezuela, estudió comunicación y alcanzó cierto prestigio como presentadora del programa musical venezolano A Toque. Luego, un accidente de tránsito en el que ella conducía y tras el cuál murió su madre, hizo que su vida diera un giro inesperado que la llevó a convertirse en un “avatar de la divinidad”.

Según la doctora Stephanie A. Sarkis, Ph.D en salud mental, “el narcisismo suele manifestarse como un mecanismo de defensa para evitar enfrentar el sentimiento de culpa, ya que permite a la persona distorsionar la realidad y negar su responsabilidad en situaciones difíciles, lo que ‘ayuda’ a mantener una imagen grandiosa de sí misma y evitar el dolor emocional asociado con esa culpa”.

Tal vez lo que hay aquí no es más que una dificultad patológica para asumir la realidad de un ser humano común y corriente que carga con un profundo sentimiento de culpa nacido de un evento traumático insoportable. Esto lo hace dependiente y capaz de cualquier cosa para mantener la falsa imagen grandiosa de sí mismo que proyecta sobre sus adeptos y que ellos le ayudan a sostener día tras día.

Víctor Mayo y el suministro de los gurús narcisistas

Estos devotos son, en este caso, la principal fuente de aquello que los especialistas denominan “suministro narcisista”, un concepto psicoanalítico que describe “la atención, admiración, elogios o cualquier tipo de respuesta que refuerce la autopercepción alterada del narcisista”. Todo narcisista necesita de este «suministro» para mantener su sentido de grandeza y superioridad no solo espiritual, sino también material, pues éste puede manifestarse también en la forma de grandes ‘regalos’, como propiedades y otros bienes, que sus seguidores, totalmente capturados psicológicamente, le ofrecen sin esperar nada a cambio, como veremos al final del artículo.

En el caso de Erika, a lo largo de estos últimos casi treinta años ha venido creciendo más y más el número de personas que caen deslumbrados por sus ‘canalizaciones’ y los relatos hagiográficos construidos por sus cercanos, como es el caso del libro Shakti Ma, un resplandor eterno, escrito por Víctor Mayo, alias Shivananda, exesposo de Erika y figura clave en la edificación de este imperio del engaño, en el que presenta a Erika como “un Avatar de Shiva en nuestro continente, quien representa las formas de regencia cósmica que han sido dispuestas para restablecer el orden y el control en el planeta”.

Ella es, según Mayo, “la eterna compañera de la Conciencia Inmortal”, cuya “existencia ha sido percibida por los Iniciados como la consorte del Mahavatar Babaji”, que es “la forma de Sabiduría Divina que rige el Universo Consciente”. Todo esto, afirma el libro, es parte del plan del “nacimiento de la Nueva Conciencia Planetaria”.

Con respecto a esto, Teodoro Fernández*, otro exintegrante de la secta relata que, desde el principio, Víctor Mayo fue la pareja ideal para intimidar, manipular y delinquir junto a Erika: “sin él no habría Shaktiananda”, dice. “Víctor fue el guionista, Erika solamente la actriz; él el del conocimiento y la doctrina, la filosofía, las prácticas, la organización de todo, y ella la ‘vidente’; él, el creador de contenidos, clases, talleres, retiros; ella la de apariciones cortas. Víctor, como psicólogo, fue quien ideó cómo funcionaría toda la secta y el manejo del culto. Fue quien creó y alimentó el culto hacia la personalidad de la ‘maestra’ o gurú, y se mostró como el mejor discípulo, hasta que le falló y fue exiliado. De esta denuncia creo que no debe salvarse, así lo hayan defenestrado al final”, agrega. 

Víctor se enamoró de otra swami (los swamis son los ‘monjes’ de la escuela), siéndole infiel a Erika, quien hizo de ello un auténtico escándalo dentro del culto. Y, por esa deslealtad de Víctor, fue expulsado y despojado de toda participación en los millonarios bienes de la institución que, durante casi veinte años, él había confabulado para construir. 

“Es más, dicen que él quería hacer lo mismo con la swami de la que se enamoró: convertirla en una líder de otro culto, pero también le falló”, termina diciendo Fernández.

 

 

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Imágenes: Crédito FB EVD